Universidad Técnica Particular de Loja

Eugenio de Santa Cruz y Espejo

1747-1795

Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo fue un periodista, médico, abogado, bibliotecario y escritor nacido en la ciudad de Quito el 21 de febrero de 1747, hijo de un indio nativo de Cajamarca, Perú, llamado Luis de la Cruz y Espejo —hombre austero pero no pobre— y de una mulata libre, quiteña, llamada Catalina Aldaz[1].

Aprendió las primeras letras con su padre o, quizás, en las aulas de la Orden de Predicadores de Santo Domingo. Estudió también con los jesuitas, antes de que estos fueran expulsados de los dominios de Carlos III. Más tarde estudió en la Universidad de Santo Tomás de Aquino, donde consiguió el título de Doctor en Medicina, cuando apenas tenía 20 años de edad. En la misma universidad obtuvo una licenciatura en jurisprudencia y la investidura de Abogado.

Eugenio Espejo es uno de los grandes exponentes de las letras ecuatorianas. Entre 1779 y 1781 publicó tres obras fundamentales: El nuevo Luciano o Despertador de los ingenios quiteños, Marco Porcio Catón o Memorias para la impugnación del Nuevo Luciano de Quito y La Ciencia Blancardina, obras de crítica mordaz a la ciencia quiteña y de descamado análisis al sistema educativo de entonces. En El retrato de Golilla (1778) calificaba a Carlos III de “rey de barajas”. En 1793, las autoridades trataron de deshacerse de Espejo, a quien motejaban de “rencilloso, travieso, inquieto y subversivo”, designándole médico de una expedición científica a los ríos Pará y Marañón. Espejo se negó a este juego y fue arrestado.

Con sus obras Espejo manifestaba sus ideas y aspiraciones de libertad, libertad en cuanto a rebelarse contra las opresiones a las que estaba sometido el pueblo por parte de las leyes y autoridades que gobernaban la Audiencia, pero no en cuanto a independizarse de España.

Eugenio Espejo publicó también “Sermón de San Pedro” y “Carta al padre La Graña, sobre indulgencia”. El Cabildo de Quito le pidió un instructivo para prevenir la viruela. Espejo produjo la Reflexiones acerca de un método para preservar a los pueblos de las viruelas, cuadro exacto de las costumbres y condiciones sanitarias de Quito y valioso aporte a la literatura científica. La publicación de esta obra le traería como consecuencia la enemistad de los frailes Betlemitas del Hospital de la Caridad, quienes considerando a Espejo un rival en cuanto a conocimientos, harían cualquier cosa con tal de desacreditarlo. Posteriormente publicó Discurso a los Quiteños, donde hace un elogio a las bellezas de Quito y su gente, y, como educador, Carta a los Maestros.

Para evitar más persecuciones y vejaciones, buscó refugio en Nueva Granada, radicándose en Bogotá donde se relacionó con intelectuales criollos y extranjeros. Fue entonces que escribió su célebre Discurso dirigido a la muy ilustre y muy leal ciudad de Quito, representada por su ilustrísimo Cabildo, Justicia y Regimiento, y a todos los señores socios provistos a la erección de una Sociedad Patriótica, sobre la necesidad de establecerla luego con el título de “Escuela de la Concordia”. Esta Sociedad, fue creada con el propósito de atender la educación, las ciencias, las artes, la agricultura, el comercio, la economía y la política.

Fue entonces cuando, bajo los auspicios de dicha sociedad, el 5 de enero de 1792 publicó el primer número del periódico Primicias de la cultura de Quito, en el que daba a conocer importantes problemas sociales y culturales de la colonia. Este periódico no fue ni revolucionario ni subversivo y solo buscaba el mejoramiento de Quito en lo intelectual y la reactivación de su espíritu adormilado y resignado a lo peor. Sin embargo, no fue bien acogido por la ciudadanía, la cual propició una absurda persecución que se extendió a su autor, por lo que sólo logró sacar siete publicaciones, cuya última edición apareció el  jueves 29 de marzo de 1792.

Privado de su periódico, a los ojos de los quiteños Espejo sería tan solo el dedicado encargado de la Biblioteca Pública —que antes había pertenecido a los Jesuitas—, trabajo que le permitía estar cerca de los libros para poder continuar aumentando el caudal de sus conocimientos.

En la mañana del 21 de octubre de 1794 se produjo una gran conmoción en la ciudad de Quito, cuando algunas cruces de piedra aparecieron adornadas con unas banderitas de tafetán encarnado, con una inscripción en latín que decía “Al amparo de la cruz sed libres. Conseguid la gloria y la felicidad”. Las autoridades iniciaron enseguida una intensa investigación para descubrir a los autores de dicho acto al que calificaron de subversivo. Aunque nunca puedo demostrarse nada, las sospechas recayeron sobre Espejo, por lo que el 30 de enero de 1795 el Presidente de la Real Audiencia de Quito se presentó en la biblioteca de la cual era encargado y ordenó su detención, procediendo de inmediato a confiscar papeles, libros, folletos, pensamientos borroneados y todo lo que consideró literatura insurgente.

Encerrado en una mazmorra húmeda y fría, Espejo vio pasar días, semanas y meses, al tiempo que su salud -debido a las condiciones de su encierro- iba debilitándose poco a poco hasta ser atacada por una fuerte disentería.

Ante la gravedad de su estado su familia logró la autorización para llevarlo a casa e intentar su curación, pero ya era demasiado tarde, y en la madrugada del 27 de diciembre de 1795 murió en brazos de su hermana, doña Manuela de Santa Cruz y Espejo.

 

[1] Un fraile betlemita, ofendido ante el extraordinario talento de Espejo, echó a correr la voz de que su verdadero apellido era “Chuzig” o lechuza.; y así lo hace constar el acucioso historiador e investigador cuencano Dr. Alberto Muñoz Vernaza, en su “Obras de Espejo”, publicada en La Unión Literaria, mayo de 1913 – Cuenca.

(Texto adaptado de http://www.enciclopediadelecuador.com/temasOpt.php?Ind=823 y de https://es.wikipedia.org/wiki/Eugenio_Espejo)